En menos de 3 semanas y en el marco de un proyecto multipaís pasamos del Perú a Bolivia y de allí a Guatemala.

En cada uno de estos tres países encontramos similares preocupaciones en los temas sanitarios, nutricionales, de seguridad alimentaria, de saneamiento básico y otros. En muchos casos las soluciones que se van planteando tienen una marcada similitud, solo cambian los términos, los momentos o los tiempos en que las mismas se van dando.

En la construcción del desarrollo y la felicidad no existen recetas mágicas pero sí ingredientes parecidos. ¿Por qué por tanto nos resulta tan difícil compartir nuestras lecciones aprendidas para aprovechar lo mejor de las mismas y evitar el precio de los errores que en lugar de enmendados, podrían ser evitados?

Resulta tanático reinventar una y otra vez lo que por lógica ya alguien tiene que haber intentado. El compartir estas experticias y experiencias acortaría tiempos y nos permitiría alcanzar metas en plazos más razonables, ante la impaciencia entendible y justificada de los pueblos afligidos por la pobreza y la exclusión de los servicios básicos más elementales.

Más aun, reforzaría los pasos acertados a seguir por unos y otros países en la mejora de los modelos sanitarios y en el enfoque sobre las políticas de seguridad alimentaría por ejemplo, convirtiéndolos en instrumentos y estrategias (los primeros) y/o en políticas de estado (los segundos) más integrales e incluyentes. Y más importante todavía, nos evitarían dolorosos conflictos sociales, muchas veces fraticidas, que parecen ser el pesado lastre histórico del continente para enfrentar el desarrollo con una paz interna que todos los pueblos de Latinoamérica ansiamos y que en algunos casos parece esquiva y difícil de alcanzar por una u otra razón muy parecidas de país a país.

Si avanzados en el siglo XXI se reconoce que los determinantes y condicionantes de la salud (y del desarrollo) en el más amplio sentido de la palabra (la construcción de la felicidad y armonía personal, familiar y comunitaria en lo físico y biológico, en lo cognoscitivo y en lo afectivo – espiritual) son sociales, las soluciones lo son también.

La cooperación tiene la posibilidad de aproximarse a esta forma de ver cómo puede construirse el desarrollo y la felicidad de los pueblos latinoamericanos, muchas veces aprendiendo humildemente de ellos el camino a recorrer y la meta a la cual llegar. Esto implica también un deber perentorio y urgente de compartir esta visión con autoridades y líderes políticos, de unir voces y esfuerzos en la construcción del Sumak Kausay (el Vivir Bien o el Buen Vivir) que  nuestras sociedades piden por igual para todas las ciudadanas y ciudadanos de nuestro continente.

Medicus Mundi Navarra y sus delegaciones de Bolivia, Guatemala y Perú, nuestros socios en estos países, las organizaciones de base y las instancias técnicas de los ministerios de sanidad con las que colaboramos en los mismos, estamos asumiendo este reto en el marco del proyecto ¨Un modelo de salud integral e incluyente basado en derechos¨, con el apoyo de la Unión Europea y el Gobierno de Navarra. Lo hacemos conscientes de las dificultades y riesgos que esta apuesta significa, y a la vez también de las posibilidades que la misma despierta y del hecho que ella nace de una reflexión común: si nuestros problemas son similares, las soluciones a los mismos no pueden ser muy diferentes.

Fuente: Boletín Informativo Medicus Mundi

Sobre El Autor

La Coordinadora de Entidades Extranjeras de Cooperación Internacional (COEECI) es una red fundada en el año 1994. Agrupa a organizaciones privadas de cooperación internacional para el desarrollo que laboran en el Perú. Su principal objetivo es actuar como interlocutor organizado de estas entidades ante el Estado peruano, así como ante las instituciones privadas y públicas relacionadas con el tema.

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