A finales del 2005 con varios amigos analizamos las entonces 21 propuestas  de planes de gobierno, de quienes aspiraban con formulas presidenciales y congresales a las elecciones generales del 2006 (aunque luego varias listas no llegaron a participar, en su momento esta cifra fue todo un record).

De todas ellas, tal vez solo unas diez podrían llamarse técnicamente planes de gobierno, por reunir las características que identifican a un documento de dicha índole.

Haciendo un primer estudio individual y luego comparativo, se evidenciaba que solo 3 planes ponían el énfasis y desarrollaban una propuesta de gestión pública en torno a las políticas sociales, girando las demás políticas de Estado en torno a las primeras; en las tres la persona humana y las familias del país ocupaban la centralidad  de los planes de gobierno.

Curiosamente sus enunciados se parecen a las reflexiones que en los últimos años viene haciéndose en el mundo de la cooperación, respecto de los cambios que se precisan en las políticas de Estado para que la salida de la pobreza y el desarrollo sostenible sean una realidad en un plazo razonable, que a su vez afirme la gobernabilidad democrática.

Ninguna de las tres propuestas aludidas logró al menos un congresista.

En los demás “Planes” se daba énfasis a la políticas económicas, energéticas, se seguridad interna y defensa, de promoción de la inversión privada, de racionalización del gasto publico y similares; las políticas sociales (salud, educación, vivienda, equidad social, etc.) aparecían al final, muchas veces desarrolladas de forma general, imprecisa, escueta, casi dejando una sospecha de hechas “por completar lo sustantivo” y cuando el cansancio ya invadía a los responsables de elaborar los planes de gobierno.

Debemos ser justos en señalar que, al margen de no haber sido objeto de un análisis parecido, el proceso de elecciones regionales y municipales previo tuvo un resabio de improvisación similar.

Construir un gran país que le pertenezca por igual a todas las peruanas y peruanos, no da lugar a la improvisación. No es cuestión de “ganar” una responsabilidad y luego buscar la mejor forma de cumplir con las esperanzas y/o expectativas que depositaron los electores.

En el mundo existen ejemplos interesantes de naciones (con regímenes de gobierno, potencialidades económicas y características culturales muy disímiles) que hace 60 años (años mas, años menos), apostaron por las políticas sociales como el gran eje impulsor de las demás políticas del Estado para salir de graves deterioros inflingido por la guerra, divisiones internas que precisaban ser reconciliadas o impulsar procesos de desarrollo aún incipientes por aquel entonces. Hoy son naciones no solo desarrolladas en términos económicos, sino sanitario – educativos y sociales (sin ser perfectas, ni dejar de tener problemas) para el conjunto de su población. Un ejemplo de ello son las llamadas naciones del pacífico sur oeste: Japón, Australia, Singapur, Nueva Zelanda  y Brunei. Consideras las naciones con los mejore indicadores de salud del mundo, en función a sus indicadores de carga de enfermedad (OMS).

Las elecciones del 2010 y del 2011 son una nueva oportunidad que no podemos dejar pasar ni desperdiciar. La situación social del Perú, la “escepticemia” que empieza a cundir entre la población afectada por la pobreza y la exclusión social precisa que la excepcional bonanza económica del país sea aprovechada para implementar cambios más acelerados a partir de la preeminencia de las políticas sociales. No basta crecer: hay que distribuir  los frutos del crecimiento  equitativa y solidariamente.

Lo anterior debe quedar claramente explicito para los ciudadanos en los planes y propuestas de gobierno de quienes aspiren  a ser elegidos para los gobiernos nacional, regionales y municipales.

De la pobreza es posible esperar salir en plazo razonable de tiempo, si la esperanza para creerlo se basa en signos claros que se cumplirá la promesa y la evidencia que se está trabajando seriamente para ello; pero de la miseria extrema que mata de hambre, de frío, de enfermedad, es necesario salir con urgencia si se quiere romper el círculo vicioso de violencia social  y  debilitamiento de la gobernabilidad que empieza a envolvernos, a pesar de nuestros “promedios” económicos.

Fernando Carbone Campoverde

Medicus Mundi Navarra

Delegación Perú